
Uno de los nuevos paradigmas de la gestión,
que está marcando la pauta a nivel mundial en términos de competitividad de las
organizaciones, radica en el hecho de que las ventajas competitivas, entendidas
como aquellas capacidades particulares de las empresas para conseguir mejores
resultados o agregar mayor valor que sus competidores, son realmente paradojas
de la gerencia.
La principal razón de este hallazgo proviene
de la carencia de información que tiene cualquier actor de un sector económico
para conocer con detalle la manera de operar de sus competidores. Es decir,
para una empresa se hace imposible cuantificar o conocer los pormenores de las
operaciones de los demás actores del sector, por lo que es igualmente imposible
determinar si sus acciones generan "ventajas competitivas".
Uno de los mejores ejemplos de ello lo podemos
tomar de los deportistas de alto rendimiento. La estrategia de preparación de
los deportistas de alto rendimiento está enfocada en tomar registro de las
marcas propias obtenidas durante sus largas jornadas de preparación física, acondicionamiento
y entrenamiento. El objetivo es superar sus propias marcas.
Lo anterior ha llevado a la evolución del
concepto "Competitividad". El nuevo paradigma de la gestión se
fundamenta en que, frente a la imposibilidad de conocer en detalle la operación
de los competidores del sector, la competitividad debe estar cimentada en la
capacidad de las organizaciones para mejorar “sus propias marcas”. Es por tanto
un resultado de las capacidades organizacionales para introducir mejoras
continuas, agregar valor e innovar, todas ellas relacionadas con la
sostenibilidad de la organización y la potenciación de las variables
tecnológicas.
En conclusión, las organizaciones deberán determinar sus propias marcas, identificar sus principales fortalezas y utilizarlas para mejorar de manera continua. Es en este punto donde se encuentra la verdadera competitividad.